[Intro] [La persiana metálica sube al ritmo del güiro; entra una guitarra acústica sincopada.] [Verse 1] Pongo la tiza en la vieja pizarra, enderezo el afiche que el viento desgarra. Cuento tres focos, funciona solo un par, pero con dos estrellas también se puede alumbrar. Cambio sencillo descansa en el cajón, junto a caramelos sin fecha ni razón. La calle pregunta quién va a aparecer, yo sirvo dos cafés por si llega usted. [Pre-Chorus] Que venga una pareja, que venga un señor, que venga una niña siguiendo un color. Y si la taquilla no vende ni un real, a las ocho en punto abrimos igual. [Chorus] Aunque no venga nadie, abrimos igual, con polvo en la alfombra y música al final. Aunque el contador nos quiera condenar, primero va la luz, después se verá. Aunque no venga nadie, abrimos igual, cerrar por costumbre sería cerrar de verdad. [Verse 2] Reviso las butacas de izquierda a derecha, la cinco se hundió, la veintidós está estrecha. En la diecisiete dejo el brazo sin bajar, porque alguien los jueves la suele ocupar. Don Ernesto saluda camino al taller, promete que un día traerá a su mujer. La panadera ríe al verme anunciar: “Hoy dan una historia que ya vi terminar”. [Pre-Chorus] Que venga el cansancio buscando calor, que venga quien perdió una cita o un amor. Y si solo la lluvia se sienta a mirar, a las ocho en punto abrimos igual. [Chorus] Aunque no venga nadie, abrimos igual, con polvo en la alfombra y música al final. Aunque el contador nos quiera condenar, primero va la luz, después se verá. Aunque no venga nadie, abrimos igual, cerrar por costumbre sería cerrar de verdad. [Post-Chorus] Abrimos la puerta, encendemos señal. Que pase el recuerdo, abrimos igual. [Instrumental Break] [La guitarra de nylon improvisa sobre palmas suaves, güiro y acordes cortos de Wurlitzer.] [Bridge] Un día una sala se queda sin voz, al día siguiente se olvida entre dos. Si nadie recuerda qué hubo en el solar, yo enciendo la máquina y la dejo girar. [Final Chorus] Aunque no venga nadie, abrimos igual, con lluvia en los vidrios y luz en el hall. Aunque el nuevo dueño nos quiera borrar, primero va el sueño, después su capital. Aunque no venga nadie, abrimos igual, porque abrir una puerta también es luchar. [Outro] [La percusión se detiene; la guitarra marca el último pulso de la persiana.]